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12/6/24

Las carreras pedestres al estilo del país en Barbastro

Carrera pedestre fiestas de San Ramón y XIII Carrera pedestre de la Solidaridad. Barbastro, 23 de junio de 2001

Celedonio García

Las fiestas de la ciudad de Barbastro, así como las de sus barrios, incluyeron durante décadas (o quizá durante siglos) en sus programas festivos las típicas carreras pedestres, denominadas a finales del siglo XIX “carreras pedestres al estilo del país”.

Su origen se remonta varios siglos y probablemente su denominación sería similar a las celebradas en Monzón, Huesca o por diferentes poblaciones de Monegros.

En Monzón y Perdiguera se mencionaban como “corridas de espadas o de la espada” en el siglo XVI. Con el mismo apelativo las encontramos en Huesca, Farlete o La Almolda en el siglo XVII. En el siglo XVIII se generalizaron los pollos como premio en las carreras pedestres que se organizaban por todo Aragón, dando nombre a la prueba, “corridas de pollos”.

En Barbastro, las primeras ediciones que hemos documentado, a finales del siglo XIX, aparecen como “carreras al estilo del país” o “carreras de hombres descalzos” (quizá para diferenciarlas de las “de mujeres con cántaro en la cabeza”. En esta época se introducen los premios en metálico, que perdurarían hasta su desaparición con la Guerra Civil. En las últimas décadas el nombre de la prueba pasó a denominarse, simplemente, “carrera pedestre”.

Los premios en metálico debieron ser una de las causas de su desaparición, además de la ruptura que supuso la Guerra Civil en las costumbres y el auge del deporte moderno, el Atletismo, considerado “amateur” y cuya Federación sancionaba a los atletas que participaban en estas pruebas, típicas del deporte tradicional aragonés.

Ferias y fiestas de la Virgen de Septiembre

No hemos podido remontarnos más en el tiempo buscando programas festivos de las Ferias y fiestas de la Virgen de Septiembre de Barbastro. El primer documento consultado, de 1890, ya nos informa de algunos de los festejos típicos de las Ferias y fiestas: “Habrá una retreta, iluminaciones, cucañas, CARRERAS DE HOMBRES DESCALZOS y en borricos…”.

En 1893 el Diario de Huesca anuncia las Ferias y fiestas de la Virgen de Barbastro y recoge las variedades de carreras que se incluyen en el apelativo de “Carreras al estilo del país”, así como los premios y recorridos. Se celebraron el día 7 de septiembre, a las cuatro de la tarde. En la primera, la “De hombres” hacían un recorrido alrededor del paseo del Coso con tres premios de 10, 7,50 y 5 pesetas, respectivamente.

Recorte del programa de Carreras al estilo del país de 1893

Durante varias décadas se siguieron organizando en las Ferias y fiestas las “carreras al estilo del país” en torno al Coso. Los premios en metálico se fueron incrementando y el recorrido también.

En 1909, la crónica del Heraldo de Aragón decía: “Las carreras a pie y en burros, celebradas por las vías del paseo, fueron muy animadas”. En los primeros años de la década de los veinte, las carreras, con premios en metálico, se llevaron a la plaza de toros y se disputaban durante los intermedios del concierto de la banda militar.

Al final de esta década la carrera pedestre regresa al Coso. Los premios en metálico son importantes y participan algunos de los corredores más destacados de Aragón y Cataluña.

Sebastián González publicó una interesante crónica de la “Carrera pedestre” de 1928 en el Heraldo de Aragón:

“En la carrera celebrada en la tarde del día 6, disputáronse cuatro premios en metálico de 100, 50, 25 y 15 pesetas, tomando parte siete corredores, clasificándose a la llegada por el siguiente orden:

1º Salvador Tapias, que hizo las 30 vueltas alrededor del paseo del Coso, en 30 minutos.
2º Mariano Barrieras, de Sariñena, 31 minutos.
3º Ángel Mur, de Selgua, 32 minutos.
4º Ignacio Latorre, de Santalecina, 32 y ½ minutos.

Las antedichas 30 vueltas suponen un trayecto de unos ocho km., aproximadamente”.

Salvador Tapias venciendo en la IX Jean Bouin 1928. Este mismo año ganaría en Barbastro.
Foto: Ramon Claret / Joan Bert

Salvador Tapias era el atleta más destacado de Cataluña en esta época. Mariano Barrieras fue un gran corredor de Sariñena. Ángel Mur e Ignacio Latorre emigraron a Barcelona. Mur, natural de Selgua, fue el atleta más destacado en la Cataluña de los años 30; se proclamó en numerosas ocasiones campeón de Cataluña y fue recordman nacional de los 20 km. y campeón de España de 3.000 m. obstáculos en 1935 y 1936.

Dionisio Carreras, de Codo, e Ignacio Latorre, de Santalecina

Ignacio Latorre, de Santalecina, salto a la fama en 1928 al vencer en la plaza de Toros de Zaragoza al olímpico aragonés Dionisio Carreras, campeón de España de Maratón y noveno en el maratón de la Olimpiada de París en 1924.

En 1929 hubo dos carreras pedestres. La primera, celebrada el día 4 en la plaza de Toros de Barbastro rememoraba el famoso reto entre Dionisio Carreras e Ignacio Latorre, que tuvo lugar en la plaza de toros de Zaragoza el año anterior. En este duelo de ases aragoneses entre la veteranía de Dionisio Carreras, natural de Codo, y la juventud de Ignacio Latorre “corredor llamado vulgarmente Santalecina”, según puntualizaba el redactor del Heraldo de Aragón, volvería a repetir triunfo el cinqueño de Santalecina.

Cartel anunciador del reto entre Dionisio Carreras e Ignacio Latorre en la Plaza de Toros de Zaragoza en 1928, que se repetiría en la Plaza de Toros de Barbastro en 1929

El epígrafe que encabezaba la crónica de este diario decía: “En Barbastro, Carreras y Latorre hicieron una magnífica carrera-circuito”:

“Podemos calificar de excelente el esfuerzo realizado por los dos notables corredores regionales Dionisio Carreras, del Real Zaragoza, e Ignacio Latorre, de Santalecina, fuertes rivales en la especialidad de carrera a pie.

La plaza de toros se vio concurridísima, exteriorizando el público su satisfacción por la buena labor de ambos corredores, que llegaron a cubrir el número de kilómetros marcados en el mismo tiempo. Carreras y Latorre pusieron fin a la última vuelta, derrochando fuerte tren, pero la llegada a la meta fue tan igualada, que el jurado decidió dar el resultado de empate, concediendo igual tiempo en la clasificación final a uno y otro”.

El día 6 se disputó la segunda carrera, que se anunciaba por en el paseo del Coso y Fustería. La Voz de Aragón se hizo eco de la prueba y la recogió en sus páginas con el siguiente epígrafe: “En la carrera pedestre vence el catalán Salvador Tapias”. En la crónica se cita a los participantes:

“A las once y cuarto se ha celebrado la carrera pedestre, que ha sido presenciada por numeroso público.

El recorrido era a quince vueltas por el paseo del Coso, calle del general Ricardos y San Ramón.

La clasificación de los corredores fue la siguiente:

1º Salvador Tapias, de Arenys de Mar, en 22 minutos y 5 segundos.
2º Bautista Peralta, de Sariñena, en 22 minutos y 5 segundos.
3º Ángel Mur, de Selgua, en 22 minutos y 35 segundos.

El cuarto premio que fue declarado desierto, se repartió entre los tres corredores ya citados”.

Ángel Mur, de Selgua

En los siguientes años participaron en las carreras pedestres de Barbastro los mejores corredores de la provincia altoaragonesa. En 1932 El Noticiero informaba de la prueba: “En la carrera pedestre, alrededor del paseo del Coso, obtuvieron los primeros puestos los corredores Julián Salillas, de Lanaja; Bautista Peralta, de Sariñena; Eugenio Gimeno, de Huesca; entre los que se distribuyeron premios de 75, 50 y 25 pesetas, respectivamente”.

El auge de las carreras pedestres, así como el festival de jota, propició que se trasladasen al ruedo taurino y que se “cotizaran en taquilla”, con algunas protestas.

El Heraldo de Aragón publicó la crónica de la carrera pedestre de 1933: “Se celebró en la tarde del día cinco. Tomaron parte 8 corredores, adjudicándose los premios por el orden que se enumera: Antonio Gracia, de Salillas; Antonio Surroca, de Selgua; Nicanor Groset, de Robres. De Barbastro ganaron o se repartieron el premio especial para los de la localidad, Emilio Lalana, Gumersindo Catalán y Enrique Abadías. El recorrido fue de sesenta vueltas a la plaza de Toros, y los premios de 75, 50 y 25 pesetas”.

Campeonato de España de Maratón, Barcelona 1933: 1º Alejandro Pérez, de La Cartuja Baja (centro de la imagen); 2º Julián Salillas, de Lanaja (a la izquierda); 3º Antonio Gracia, de Salillas (a la derecha), y 4º José Romeo. Los cuatro eran aragoneses

Antonio Gracia era otro aragonés emigrado a Cataluña, que obtuvo grandes triunfos con la selección catalana de Atletismo. En el campeonato de España de Maratón de 1933, celebrado en Barcelona, Julián Salillas, de Lanaja obtuvo el segundo puesto y Antonio Gracia, de Salillas, vistiendo la camiseta catalana, ocupó la tercera plaza. En este campeonato venció el zaragozano, de La Cartuja Baja, Alejandro Pérez.

Después de la Guerra Civil la carrera pedestre pervivió durante varios años (en 1942 deslucida por la lluvia) pero pronto desaparecería como tal, quizá por influencia del deporte federado y por las modas imperantes. En 1953 aparece en el programa de fiestas como “gran carrera pedestre, de carácter provincial ‘la Vuelta a Barbastro’”.

Fiestas de los barrios y de San Ramón

A finales del siglo XIX también se disputaban carreras pedestres o “corridas”, en otras festividades, incluyendo las de los barrios: Virgen del Pilar, San Hipólito, San Joaquín… Según costumbre, los barrios organizaban festejos en las festividades de sus patronos y de esta manera obsequiaban al resto de la ciudad.

Los vecinos del Coso celebraban sus fiestas en honor de la Virgen del Pilar con numerosos actos. A finales del siglo pasado incluían la lidia de un toro en el Coso, por lo que se cerraban las avenidas. El Coso también era el escenario de las típicas “corridas al estilo del país”.

En la reseña del diario La Derecha de 17 de octubre de 1883 citaba, entre otros, los festejos de la víspera: “Por la tarde hubo cucañas y corridas de hombres, mujeres, chicos y burros adjudicándose varios premios y proporcionando a muchos que las presenciaban, gran entretenimiento”.

En el siglo XIX los festejos del barrio de San Hipólito, así como los del pintoresco barrio del Arrabal en honor a San Joaquín, se programaban a lo largo de cuatro días. Algunos de los más populares eran el toro enmaromado o la vaca ensogada, que se llevaba por las calles del barrio, y las “carreras de hombres” o “carreras de hombres en apuestas”.

Las carreras pedestres se siguieron celebrando durante años en estos barrios, hasta bien entrado el siglo XX, y también se organizaron en otros, como el del Entremuro (1942).


En el año 2000, coincidiendo con el cambio de siglo y con las fiestas de San Ramón, El Patronato Municipal de Deportes recuperó la tradicional carrera pedestre en el Coso, escenario tan típico de estas pruebas en los siglos anteriores, y estuvo amenizada por los Dulzaineros de Barbastro. Ocuparon las cinco primeras posiciones Chafia Abdelilah, de Monzón; seguido de José Antonio De la Fuente, de Binéfar; Daniel Cremades, de Huesca; Óscar Calero, de El Grado, y Carlos Oriach, de Albelda. Participaron diecisiete corredores, entre ellos una fémina, la montisonense Mónica Saludas. Antes de la salida se homenajeo al atleta barbastrense Juan Ramón Plana y se guardo un minuto de silencio en memoria del infortunado montañero Pepe Chaverri, fallecido aquella semana en el Mont Blanc.

Al año siguiente, en el 2001, la carrera coincidió con la “XIII Carrera de la Solidaridad” (iniciativa de los corredores que pervive en la actualidad tras celebrarse 41 ediciones). Todo el presupuesto de la prueba fue destinado para financiar parte de un proyecto de Manos Unidas para la instalación de agua en un Centro Educativo y de Salud en Guatemala. Venció el montisonense Javier Yerno, atleta con un largo historial, atesorando títulos como el de campeón de Aragón de 5000 metros en varias ocasiones o vencedor del Medio Maratón “Ruta del Vino Somontano” en las ediciones de 1993 y 1996. Le siguieron en la línea de meta: Óscar Calero, de El Grado; José Antonio De la Fuente, de Binéfar; Sergio Supervía, de Aínsa; Fernando García, de Monzón y Antonio Gistaín, de Barbastro.

Carrera pedestre de San Ramón 2001 (XIII Carrera de la Solidaridad). Foto: Javi García Hervera

En Féminas, venció la montisonense Mónica Saludas, seguida de Montse Abelló, una de las pioneras y mejores atletas del atletismo aragonés. Montse guardaba un agridulce recuerdo del campeonato de España de Cross celebrado en esta ciudad en 1986, por perder el segundo puesto en el último metro al no percatarse, ante el bullicio del público, de la llegada de su rival Merche Calleja. Venció la también aragonesa Carmen Valero.

La animación de la carrera del 2001 en el Coso fue enorme, como la del año anterior. Hubo carreras infantiles por edades…, sin embargo, la centenaria tradición aragonesa de las carreras pedestres en las fiestas de pueblos, barrios y ciudades volvió a entrar en letargo en la ciudad de Barbastro.

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15/2/24

Las carreras pedestres de Calanda (Teruel)

Artículo publicado en la revista "Qalanna" del Seguntro trimestre de 2023

Por CELEDONIO GARCÍA RODRÍGUEZ

Los datos que recientemente nos ha proporcionado Costán Escuer, procedentes del Archivo Histórico Municipal de Perdiguera (Zaragoza), revolucionan la historia de las carreras pedestres en Aragón. Según esos datos, a comienzo del siglo XVI en las fiestas de Perdiguera en honor a Santa María, se celebraba la “corrida de la espada”, así denominada por el premio que recibía el vencedor. En los últimos años de dicho siglo aparecen los pollos y hasta finales del siglo XVII la espada y las aves de corral se entregan a los vencedores. Posteriormente los pollos quedarían como único premio honorífico de las carreras pedestres. En Huesca, a mediados del siglo XIX todavía se denominaba “corrida de espadas” a la típica prueba pedestre.


Hasta la fecha solo disponíamos de varias referencias que aludían a la espada como premio de las corridas pedestres. Un de ellas corresponde a la corrida a pie y a caballo celebrada en las fiestas de San Mateo de Monzón de 1585, coincidiendo con la celebración de Cortes en dicha ciudad y ante el rey Felipe II. El vencedor recibió una pieza de tafetán, sombrero y espada.

Las “corridas de pollos” se extienden por todo Aragón; son festejo ineludible de las fiestas que se organizan en el siglo XIX y en celebraciones esporádicas organizadas por diversos motivos, religiosos y profanos.


La primera referencia que disponemos de Calanda sobre este acto data de 1860, con motivo de la Toma de Tetuán. El 8 de febrero la noticia corre por la villa; un bandeo de campanas, iluminaciones, salvas de escopetas y entusiastas y gritos de ¡Viva España! ¡Viva el Ejército!, alertaba al vecindario cuando se disponía a descansar de las fatigas del trabajo. Los acordes musicales de los templados instrumentos recorren la población. El patriótico síndico, José Crespo, anuncia desde los balcones de la casa de la villa a la población la feliz noticia. Al día siguiente la voz pública anuncia el programa de festejos. Entre los actos que organizan se citan las “corridas de hombres a pie”, corrida de caballos, baile del pollo, corrida de muchachos y entalegados. Después de la cena llega el baile y a las dos de la mañana termina la fiesta.


La corrida de pollos de San Roque, una prueba centenaria

Las carreras pedestres, antaño denominadas “corridas de pollos”, gozan de gran tradición en Calanda. El investigador catalán Toni Santisteban incluye las carreras de San Roque entre las más antiguas del mundo, con varios siglos de existencia. Hasta 1962 se disputaban en el Camino del Tiro al Bolo (camino viejo de Alcañiz), topónimo que nos recuerda que en este lugar, antaño, también se celebrarían competiciones del tiro de bolo.

La salida a los corredores se daba en el “Hilador” e iban hasta el pajar del “Tío Campechano” camino de la “Loma del Balcón”. Se celebraban varias carreras con recorridos entre dos y cuatro vueltas. El alguacil daba la salida, mientras un guardia sujetaba los pollos colgados de un palo puntiagudo con ramos de albahaca. El palo era el chuzo del sereno. Otras veces colgaban los pollos en una horca y en los últimos años se colgaron en un bastón.

El segundo guardia iba con la bicicleta hasta el pajar del “Tío Campechano”; allí se situaba para que los corredores dieran la vuelta. Los tres primeros clasificados en la carrera recibían tres, dos y un pollo, respectivamente.


Previamente al comienzo de la carrera el alguacil echaba un bando: “Van a dar suelta a la corrida, al primero se le darán tres pollos; al segundo, dos, y al tercero uno. Que nadie toque a los corredores, ni ellos con ellos, que si no serán sancionados”.

Algunos años, mientras se disputaba la corrida, había personas que realizaban tareas en los pajares próximos al camino. Aventaban el cereal y la paja dificultaba la marcha a los corredores. En la llegada el gaitero y tamborilero amenizaban su paso y la llegada con melodías típicas. En los años cuarenta y cincuenta era “el tío Campos”, apodado “el gaitero”. Luego le sustituiría su hermano.

“… Que nadie toque los corredores
ni ellos con ellos… Va el bando
diciendo, Y se le dará al primero
tres pollos…
Y mientras tanto…
el camino pedregoso
lleno de paja y guijarros
va llevando hasta la meta
los corredores descalzos.
Van todos en calzoncillos,
unos calzoncillos largos
con unos cuadros pequeños,
cuadros azules y blancos.
Lo curioso es que esta prenda,
en cierto sitio que callo,
lleva una estrecha abertura,
lleva un corte descarado,
que muchas veces rubores
y sustos ha provocado
y entre las guapas mujeres
que el acto están presenciando…”.
José Repollés Aguilar

Como en la actualidad, las carreras se celebraban el día de San Roque por la tarde. En 1920 se llevaron los tres, dos y un pollo, respectivamente, los mozos José Aguilar, Antonio Pellisa y José Navarro. En jovenzuelos, el pollo lo conquistó Miguel Gimeno y la peseta la obtuvo Damián Herrero, y, en la carrera de niños, Miguel Bondía y Joaquín Escuín se adjudicaron el pollo y peseta, respectivamente. Estas carreras y las de entalegados estuvieron amenizadas por la dulzaina y tamboril.

Las carreras estaban presididas por el alcalde y los concejales. Los corredores, a veces numerosos, se situaban en la raya para participar en las carreras; tras la salida se abrían paso entre la multitud de público que las presenciaban. Después se desplazaban a la plaza Mayor, donde tenían lugar otras carreras de niños y de entalegados.

En las carreras “a piernas” de 1930, así denominadas para diferenciarlas de los entalegados, venció el joven Manuel Gascón Mas. Le siguieron en la línea de meta Miguel Escuín y Vicente Tello, que obtuvieron los tres, dos y un pollo, respectivamente. En la segunda carrera el pollo se lo adjudicó Vicente Tello. Y en niños triunfó el pequeño Andrés Portolés. El pollo de los entalegados se lo llevó José Aznar. Según las crónicas, pesar de la gran afluencia de gente no hubo ningún incidente.

La crónica de El Noticiero de 1939 dejaba claro que las “corridas de pollos” era “número obligado en la fiesta de San Roque”. En la de “mozos” vencieron José Barrachina Millán, Mariano Rocaful y Manuel Virgos; en la de “jóvenes” triunfó Miguel Cros, y en la de “niños”, Luis Fuentes y Pedro Celma. El premio de “entalegados” se lo llevó Miguel Cros Segarra.

En los años sesenta del siglo pasado las carreras se llevaron a la Plaza de Toros, escenario que ya había acogido las carreras pedestres de las fiestas del Pilar varias décadas antes y otras organizadas por empresario-torero Lázaro Valero “Valerico” en las fiestas de San Roque y en Pascua de Resurrección. Algunos eran contrarios al cambio de escenario porque se rompía con la tradición. Lo cierto es que los corredores sufrían cuando corrían por el camino del “Tiro al Bolo”, aunque nuevo recorrido a vueltas en la Plaza de Toros tampoco era nada cómodo para los corredores, pero sí para el público.


Carreras de carácter nacional

En los años cuarenta y cincuenta participaron destacados corredores locales como “El Mosquín”, Borrachina, Manuel Palos Mas “el tío Hollín”, Miguel Bolea “el Rito”, o Antonio Aguilar (vencedor en 1952 y 1953). También corrieron algunos de los aragoneses más destacados: Luis Royo, de Berge (venció un año; era minero y su mina se conoce con el nombre de “Mina del corredor”, en Berge); Albero Murillo, de Leciñena; Rafael Bielsa, de Andorra; Manuel Blasco, de Urrea de Gaén; José Fontanillas, de Alcaine, o Francisco Guardia, de Valjunquera, entre otros.

En 1950 la Plaza de Toros acogió importantes carreras pedestres de carácter nacional en Pascua de Resurrección, San Roque y para el Pilar. La carrera de San Roque, conocida como la “Carrera del Siglo” tuvo gran trascendencia a nivel nacional. Participaron los atletas integrantes de la selección nacional de Cross: Gregorio Rojo, Benito Losada (sustituyó a Constantino Miranda), Pedro Sierra, José Coll, Ricardo Yebra y Buenaventura Baldomá. Venció el único aragonés participante, Pedro Sierra, de La Puebla de Híjar, que corría formando equipo con Baldomá. El premio consistía en “una hermosa yegua, valorada en 12.000 pesetas (de tres años y cubierta por un semental del Estado)”, y se repartieron más de 2.000 pesetas en primas. La prueba tuvo gran repercusión porque la Federación Española de Atletismo sancionó a todos los participantes por “profesionalismo”, pero tuvo que levantarles la sanción ante el primer compromiso internacional.

Las décadas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX se caracterizaron por la participación de los mejores atletas de España, y la rivalidad, especialmente, entre corredores catalanes y aragoneses.

En 1958 protagonizaron la carrera pedestre de Calanda varios atletas de la élite del fondo nacional: Francisco Guardia, de Valjunquera, natural de Cretas (Campeón de España de Maratón en 1963); Luis García “Paganini”, de Lérida, natural de Manzanares (Ciudad Real), campeón de España de cross en 1956 y subcampeón en 1957, 1958 y 1959); José Molins, de Sabadell (campeón de España de 5.000 y 10.000 m. y varios récords nacionales), y Francisco Aritmendi, de Guadalajara (vencedor del Cross de las Naciones en 1964, oficioso campeonato del mundo).

En los años sesenta el ruedo de la Plaza de Toros se convirtió en una pista atlética con sabor tradicional. Los pollos y ramos de albahaca colgaban de una alabarda situada en el ruedo. Numerosísimo público llenaba las gradas y las autoridades siempre presidiendo el festejo. Antes del inicio se echaba el pregón con las normas que debían observar los corredores.

Vicente Rebullida y la destacada atleta zaragozana Conchita Rodríguez vencerían en las categorías absolutas de 1966. Al año siguiente, en 1967, Vicente Rebullida volvió a obtener el triunfo en la carrera de las 40 vueltas; le siguieron Joaquín Galindo y Antonio Valls, que se repartieron los tres, dos y un pollo, respectivamente. En juveniles obtuvieron los pollos por el siguiente orden: Tomás Ballesteros, Miguel Galindo y José Sanz. La jornada deportiva continuó con las carreras infantiles, en las que participaron numerosos niños y niñas, carreras de entalegados, tiro de cuerda, etcétera.

En 1969 el palentino Mariano Haro acapararía todo el protagonismo, a pesar de la presencia de otros destacados corredores, como el olímpico José Molins, de Sabadell; José Pro “Heras”, también de Sabadell, y los corredores alcañizanos Luis Lahoz y Andrés Joven, o Miguel Ángel Panivino, de Mediana de Aragón.

Las carreras de 1971 tuvieron como rivales a alcañizanos y calandinos. Luis Lahoz Betés, de Alcañiz se proclamó vencedor de la carrera de 50 vueltas al ruedo y los calandinos Esteban Milián y Juan Mompel le siguieron en línea de meta. En la segunda carrera, de 25 vueltas, vencieron tres atletas de Alcañiz, Maldonado Moya, Lahoz Betés y Boné Pueyo. En juveniles, en categoría masculina, ganó Miguel Jordán y en la femenina se impuso la madrileña Dolores Chao, por delante de Josefina López y Conchita Pérez. En las pruebas infantiles participaron casi un centenar de niños y niñas.

Durante varios años participaron en las carreras los mejores corredores comarcales y veraneantes. En 1974 vencieron los hermanos José María y Jesús Maldonado, de Alcañiz, y en tercer lugar llegó Martín Jubierre, de Calanda. En las otras categorías el triunfo correspondió a Ismael Esteban, de Alcañiz, y María Pilar Gracia, de Madrid. Todos ellos recibieron pollos criados en los mejores corrales de la villa.


Los catalanes, protagonistas de final de siglo

En los años setenta se perdieron muchas carreras pedestres en Aragón debido a la rivalidad entre aragoneses y catalanes, y a un cambio generacional. Calanda mantuvo su prueba con la participación de corredores de la comarca. En los setenta surgieron nuevos atletas y se recuperaron algunas carreras. En pocos días se acumulaban varias competiciones, que a veces coincidían. Algunas se celebran en fecha fija, como la de Calanda. El mismo día, por la mañana, se disputa otra carrera en Paüls (Tarragona); ambas son atractivas y forman parte de la ruta y del calendario de los corredores más destacados.

En los años ochenta obtuvieron triunfos en las carreras atletas como Emilio Guzmán, de Tardienta; José Antonio Adell y José Pallarés, de Binéfar; los zaragozanos Rafael Bejarano, Alfonso Cebolla, Celedonio García o Antonio Navarro; Amado Hernández, de La Yunta (Guadalajara), afincado en Barcelona, o Fernando Díaz, de Barcelona, que vencería en 1989, 1990 y 1991.

En la última década fueron llegando corredores de más nivel, incluso kenianos, acompañados de su representante, y los primeros atletas marroquíes. El leridano Juan Ramón Muñoz vencería en 1992, 1993 y 1996 (este año junto con Mónica Saludas en la categoría femenina); En 1994 Rafael Illán y Pilar Ginés, premio compartido con Ana Mª Pardos por la llegada igualada; Benito Ojeda en 1995; el keniano Julius Ruto y la montisonense Mónica Saludas en 1997; en 1998, Chepen Stiwart y Marasmani Bauwelle, y en 1999, José Ríos, de Barcelona, y Mónica Saludas, de Monzón.

Durante esta década también participaron grandes atletas que no consiguieron vencer en Calanda, como el montisonense Eliseo Martín, considerado el mejor atleta de la historia en Aragón, los zaragozanos Luis Javier Alonso, Juan María Artola, Ricardo Martí o Miguel Casado; el turolense Pablo Martínez; José Antonio De la Fuente, de Binéfar; Sergio Ruiz, de Valencia; los catalanes Iván Hompaneda, Juan Beascoechea o Joan Viudes, y el marroquí Omar Errachidi, entre otros. En mujeres destacaron María José Martín, Elisabeta Bosch o Marina Prat, entre otras.


Los atletas marroquíes, dominadores del siglo XXI

En el 2000 ya inscribe su nombre entre los vencedores de las carreras de Calanda el primer atleta marroquí que llegó a Aragón y se afincaría en Zaragoza, Rachid Damoun. En mujeres volvería a vencer Mónica Saludas, de Monzón. En 2001 el triunfo correspondió al zaragozano Javier Ferrando Triviño y a Mónica Saludas. En 2002 vencieron los leridanos Juan Ramón Muñoz y Laura Rosell. En 2003 también serían leridanos, Juan Luis Pérez y Laura Rosell. En 2004 y 2005 compartirían victoria el marroquí, afincado en Calatayud, Redouan Benarafa, y Carmen Félix, destacada atleta de Albalate del Arzobispo, que también vencería en 2006. Este año obtendría su primer triunfo el marroquí, afincado en Lérida, Abdelgani Elhassany, que repetiría en 2007 y 2008. En mujeres, la zaragozana Noelia Bernad venció en 2007 y 2010, y la marroquí Laila Daoud en 2008 y 2009. Hicham El Amrani logra la victoria en 2009 y 2010.

La segunda década de este siglo tiene un nombre propio, el del marroquí afincado en Calatayud Said Ait Addi, que gana en 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2019. En 2018 venció el marroquí, afincado en Francia, Mohamed Moustaoui (posee un impresionante historial deportivo: olímpico en 2008 y 2012 en 1500 m.; 4º en el campeonato del mundo de 1500 m. en 2008…). En mujeres, en 2011 se impone la zaragozana Lina Díaz; en 2012, Laura Villén, de Andorra; en 2013, Zhor Beyazid; en 2014 Aicha Bani; la zaragozana Isabel Linares obtiene el triunfo en 2015, 2016 y 2019; la turolense Érika Torner gana en 2017; Faiza Bachar, en 2018 y la catalana Rebeca Suarez en 2022. Este año inscribió su nombre como vencedor el atleta que más segundos puestos había obtenido hasta la fecha, el marroquí, actualmente afincado en Francia, Abdelhak Sabhi. La carrera se recuperaba tras dos años de pandemia por la Covid 19.

El mundialista y olímpico Mohamed Moustaoui y Faiza Bachar, bailando la !jota de los pollos"

La lista de corredores de estas dos últimas décadas sería interminable, entre los más destacados, además de los ya citados, podemos añadir a los marroquíes Chafia Abdelila, El Houssine Essemaali, Samir Ait Bouyckamane, Mohamed Sedrani, Mohamed Ait Ben Aissa, Jaouad Bouchamane, Mustapha Elkhouyaali, Abdelaziz Merzougui (nacionalizado español y olímpico), Azziz El Jihaoui, Mostapha Benlismane, Mustapha Sabhi, Mohamed Farih, Abderrahim El Jaafari, Abdelhakim Hamid, Hamza Amon, Hassan El Hatimi, Mourad El Bannouri, Mustafa Chaikaoui, Yassine Abatourab, Cherkaoui Ed Douame, afincado en Calanda, o el argelino Noureddine Neggazi, afincado en Lérida. Los catalanes José Manuel Granadero, Víctor Martínez, Sergi Ariaca o Albert Costa. Aragoneses, José Antonio Casajús, David Gracia, Carlos López, Daniel Berdejo, Juan Carlos Velasco, Antonio Martín, Daniel Fuentes o Carlos Zárate. El segoviano Juan Antonio Verdugo; el alcañizano Alberto Sábado; Raúl Carreras, de Alcorisa, o los calandinos Pablo Esteban, Ferrán Fernández, Javier Gascón, Jaime Jubierre, Carlos Conesa, Rafa Ródenas y Raúl Magallón, entre otros muchos.

En mujeres no citadas habría que añadir a Pilar Román, de Valladolid; Marta Gómez; Martina Benito, Carol Pardo y Jackeline Gómez, de Barcelona; Laura Alias, Ana Lecha y Hajar Benhamir, de Zaragoza, Pilar Félez, de Andorra; Laura Clavería de Albalate del Arzobispo; Elvira Ponz y Sara Campos, de Alcañiz; María Sánchez, Alicia Conesa y Pilar Martínez, de Calanda, entre otras muchas participantes.

Camino del Tiro al Bolo. Siempre en la memoria

En 2011, la víspera de San Roque, día de las carreras pedestres, los nacidos en 1946 inauguraron un monolito en el lugar donde durante siglos se disputaron estas competiciones populares, para que el recuerdo y las tradiciones siempre permanezcan.

La inscripción que figura en el monolito dice lo siguiente:

“Que nadie toque a los corredores, ni ellos con ellos.

CAMINO DEL TIRO DEL BOLO

En este lugar durante al menos dos siglos se celebraron competiciones lúdico-deportivas en honor de San Roque (las fiestas de verano): Carreras pedestres, barra aragonesa, entalegados y cucañas.

Todos los calandinos mostraron aquí sus habilidades y los nacidos en el año 1946 quieren que sea recordado desde el 13 de agosto de 2011 hasta siempre”.


Las carreras del Pilar

No disponemos de información de las fiestas del Pilar del siglo XIX y durante el siglo solo se organizaron carreras con continuidad en la década de los años cuarenta. No obstante, hubo años, como en 1924 o 1926, y finales de la década de los años sesenta y comienzos de los setenta que también se programaron en la Plaza de Toros. Sin duda, la experiencia de las carreras del Pilar en el ruedo taurino influiría para que las de San Roque terminaran cambiando de escenario.

En 1924 se denomina “carrera de peones” y en 1926, “corrida pedestre”. Este año participaron afamados corredores, siendo el primero que llegó a la línea de meta Miguel Monfort, que fue premiado con 50 pesetas.

En 1944 se celebran varias carreras en la Plaza de Toros; primero, una Gran carrera pedestre a 100 vueltas (unos 12 km.) con premios de 500, 250 y 150 pesetas para los tres primeros clasificados, además de cuatro primas. Otra carrera Infantil y una tercer a de mujeres, con la obligación de dar dos vueltas al redondel de la Plaza con un cántaro lleno de agua a la cabeza. El premio era de 50 pesetas.

En 1946, la primera carreras es para corredores de la localidad; la segunda, para menores de 14 años y la tercera se denomina “Gran Carrera Pedestre Nacional, a 120 vueltas y premios de 1.250, 800, 500 y 350 pesetas, respectivamente, además de tres primas de 100 pesetas. De forma similar se repetirían durante varios años con incremento de los premios.

En 1951, después de la gran polémica surgida con la Federación Española de Atletismo por la carrera celebrada en las fiestas de San Roque de 1950, que descalifica a los corredores acusados de “profesionalismo”, la Federación Aragonesa de Atletismo se encarga de controlar la prueba, de nominada “Monumental Carrera Pedestre”, y se anuncia la presencia de “todas las primeras figuras nacionales de este deporte”; los premios consisten en trofeos.

Al año siguiente se vuelve a organizar la carrera en los mismos términos, pero sin tanta pompa. En 1953 ya desaparecen del programa de fiestas.

Nuevamente se recuperan en 1967 y en 1973 dejarían de programarse definitivamente para las fiestas del Pilar.

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23/1/24

Las carreras pedestres de Sariñena, un patrimonio inmaterial legado por nuestros antepasados (II)

 Alberto Casas y Santiago Jaime Latre en la carrera pedestre local del 2007. Foto C. García

Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Pasión por el pedestrismo


Durante estos años se vive una auténtica pasión por las carreras pedestres en Sariñena, la misma pasión que vemos en otras poblaciones de la comarca y limítrofes: Lanaja, Grañén, Lalueza, Poleñino, Farlete, Castelflorite, Valfarta, La Almolda, Tardienta, Almudévar, Huesca, Barbastro, Binéfar, San Mateo de Gallego, Nuez de Ebro... (En todas ellas obtendría puestos de honor el corredor de Sariñena, Bautista Peralta).

En 1928, Peralta se clasificó segundo, detrás de Dionisio Carreras, en la “III Vuelta a Zaragoza”, compitiendo con todos los mejores atletas aragoneses). La crónica que publica M. Torres Ballarín en La Voz de Aragón y en Heraldo de Aragón, de la carrera de Sariñena en 1931, es significativa: “La carrera pedestre ¡colosal! Eso sí que fue corrida. Figurense un equipo de once jóvenes corredores (entre ellos Bautista y Carreras) ansiosos de ganar, sin trampa, el premio y la categoría del primero... Y entre estos ‘lebreles’ el Victoriano Pérez, de La Cartuja Baja (Zaragoza), que lo ganó, y que si no tropieza será pronto ‘as’ y campeón de suprema categoría. Hay que ver lo que corre ¡y cómo corría esa ‘flecha’! Es cosa fantástica; en Lanaja lo verán el día de la fiesta. Nosotros no hemos visto aquí otra corrida semejante y de tanto interés, que todos ‘apretaron’ y no más se retiran dos”.

Victoriano Alejandro Pérez se convirtió en el mejor maratoniano español de la década. Venció en dos ocasiones en el Campeonato Nacional de Maratón (1933 y 1935), batio el récord nacional, pero fue destituido de una de esas victorias (1935), debido a la sanción a perpetuidad impuesta por la Federación Aragonesa de Atletismo, por participar en las carreras pedestres. Lamentablemente ese título todavía no ha sido restituido.

En el Campeonato de España de Maratón, celebrado en junio de 1933 en Barcelona, los tres primeros fueron aragoneses, aunque el tercer clasificado, Antonio Gracia, de Salillas, corría por la federación catalana. Venció Victoriano Pérez, seguido del corredor de Lanaja, Julián Salillas. El tercer clasificado, Antonio Gracia, vencería dos meses después en la carrera pedestre de Sariñena. Un catalán (según las crónicas) llegó en segunda posición y el gran Bautista Peralta ocupó la tercera plaza. También participó el simpático, popular e incombustible veterano “Sabatino”.

Victoriano-Alejandro Pérez volvió a triunfar en Sariñena en 1934, seguido del zaragozano Mariano Doñate, y el subcampeón de España de maratón del año anterior, Julián Salillas, de Lanaja, ocupaba el tercer puesto.

Bautista Peralta vencería en 1935 en la carrera pedestre de San Lorenzo, en Huesca, y otro monegrino, Valentín Rodellar, de Grañén, terminaba segundo. No tenemos datos sobre la carrera de Sariñena de este año. El Ayuntamiento permanecía silencioso sobre las próximas fiestas y Jume escribía lo siguiente a mediados de agosto en las páginas del Heraldo de Aragón: “¿Es que no se piensa organizar ningún festejo popular? ¿Saben nuestros ediles la importancia que da a las fiestas una Banda de música y una corrida pedestre, a la que tanta afición tienen los vecinos de esta villa, y la alegría que despiertan en los chiquillos y mayores los fuegos artificiales?”.

El primero de septiembre de 1935, Joaquín Paradel publica en las páginas del Heraldo de Aragón un amplio artículo sobre las fiestas y se pregunta: “¿Dónde están aquellas rondas que recorrían la población, alegrándolo todo, con sus guitarras, guitarros, bandurrias, panderetas, hierros y que cantaban a todas las mozas. guapas y feas? ¿Dónde están aquellos cuadros de danzantes, con sus típicos trajes, adornados con bandas de mil colores, cinto de seda, cascabeles y abundantes ramos de albahaca? ¿Dónde están aquellos mayorales y rabadanes de la danza, como el ‘Tambor’, el ‘Remoñón’, el ‘Francher’, el “Puértolas”, el “Cucala”, etc., que tanto entretenían y hacían reir con aquellos versos hechos a su manera y aquellos ’dichos’? Y, por último, ¿por qué no se hace aquella cabalgata de ronda, en la que el tercer día, los mozos recogían las propinas y regalos de las mozas, con un carro artísticamente adornado, las seis y más majas mulas del pueblo, con ricos aparejos y campanillas? ¿Dónde está esto, propio de Aragón? ¡Ah! Todo esto ha desaparecido por esas que ahora le llamamos cosas modernas football, rugbi, tennis, golf, tés danzants, bares, cabarets, etc., etc.”.

Con mucho sentir, el alcalde, don Manuel Gilaberte lamentaba la difícil situación del Ayuntamiento y recordaba que por segunda vez, desde tiempos inmemoriables (1899) no se organizaban actos oficiales.

El artículo de “recuerdos”, que Paraled titulaba “Los tiempos cambian; y las fiestas también”, parecía un presagio de la ruptura con muchas tradiciones que supondría la fraticida guerra civil.

Quio Revista de Sariñena y Los Monegros, Núm. 209, Julio-Agosto 2023

La fractura de la Guerra Civil


Tras la guerra las fiestas ya no son las mismas. En las carreras se reducen los premios de años anteriores: 100, 50 y 25 pesetas en 1941. Algunos años no se organiza la carrera pedestre (1942 y 1945). En 1943 se celebra en el intermedio del partido de fútbol. En 1944 se anuncia en la prensa para atraer a la nueva generación de corredores que irían surgiendo en esta década. Para captar a estos nuevos corredores, en 1946 se eleva el premio a 300 pesetas para el primer clasificado. La prueba se disputa en circuito urbano con salida y llegada en la plaza de Alvarado. En 1947 se vuelva a llevar al Campo de Deportes.

En esta década surgen destacados corredores a nivel nacional, alguno de la comarca, como Alberto Murillo, de Leciñena; su gran rival sería Pedro Sierra, de La Puebla de Hijar, que extendería su vida deportiva hasta la siguiente década, con récord nacional de maratón, batido en sus dos participaciones en el campeonato de España. El internacional Pedro Sierra también disputaría emocionantes carreras con otros atletas catalanes en la década de los años cincuenta, especialmente con Luis García, de Lérida.

Entre los aragoneses destacan los incombustibles Francisco Binaburo, Anselmo Salvador o Enrique Pamplona, de Zaragoza; Tomás Ostáriz, del barrio zaragozano de Santa Isabel; Manuel Blasco, de Urrea de Gaén, o Antonio Lupón, de Bujaraloz. En esta época también participa en las carreras el local José Novellón Maestro, que incluso se desplaza a las carreras de Lanaja o Lalueza.

Anuncio de la las fiestas de Sariñenas en 1946 

Al final de la década de los años cincuenta los atletas foráneos, especialmente catalanes, imponen su ley. Son de nivel internacional y contra ellos los aragoneses poco tienen que hacer. En alguna ocasión surgen pequeños altercados. Significativa es la crónica de la carrera pedestre de 1961 publicada en el diario Nueva España: “La carrera pedestre tuvo éxito completo, tomando en ella parte las primeras figuras en esta deporte, resultando vencedores los siguiemes atletas: primero, Tomas Barris; segundo. Antonio Amoros; tercero, José Molins; cuarto, Francisco Aritmendi; quinto, Fernando Avión; sexto, Pueyo. ¡Fueron eliminados dos corredores por su mal comportamiento en el momento de iniciarse la competición. La señorita Blanca Calvo Alvarez, entregó al vencedor un hermoso ramo de fiores”.

Tomás Barris Ballestín, de Barcelona, estaba considerado como el mejor atleta de fondo y medio fondo español y de los mejores de Europa. Antonio Amorós nació en Caudete (Albacete), aunque pasó su vida deportiva en Barcelona. Fue plusmarquista español de 3.000, 5.000 y 10.000 m. cuatro veces campeón de España de 5.000 m. y 10.000 m. y seis veces campeón de España de cross. José Molíns Montes, de Sabadell, había sido olímpico en Roma 1960, campeón de España de 10.000 m. (en dos ocasiones), de 5.000 m. y récord nacional de 3.000 y 5.000 m. Francisco Aritmendi, de Guadalajara, sería el primer español que ganaría el Cross de las Naciones en 1964, considerado el campeonato del mundo de esta especialidad. Fue olímpico, campeón de España de 10.000 m y ganó en dos ocasiones el campeonato de España de cross. Y Fernando Avión, de Castejón de Monegros, destacado corredor aragonés. Pueyo, probablemente fuera José Pueyo “El Roso”, de Alfajarín.

En los años sesenta y setenta se mantienen las rivalidades entre catalanes y aragoneses. Son los años de los catalanes José Molins, José Pro, José Faro, y de los aragoneses Andrés Gimeno, Pedro Ferrando, de Alcañiz, Fernando Avión, de Castejón de Monegros, Joaquín Mareca, Miguel Ángel Panivino…

La Federación Aragonesa de Atletismo trata de controlar estas carreras. El ambiente entre aragoneses y catalanes tampoco es demasiado amistoso y cuando dejan de venir los mejores surge un vacío de corredores. En 1965, según el programa de fiestas, en la carrera, que se sigue celebrando en el campo de deportes “El Carmen” solo “tomarán parte deportistas de Sariñena y su comarca”. Hasta el año anterior, siempre se repetía la coletilla: “tomarán parte las primeras figuras del atletismo”.

En 1965 la carrera no aparece en el programa de fiestas. Al año siguiente, en 1966, se sustituye por una competición de Atletismo organizada por el Real Zaragoza. Participan, entre otros, los siguientes atletas: Manuel Buitrón (peso), Luis María Garriga (altura) olímpico de Tokio, Manuel Vela (disco) y Joaquín Mareca (5.000 m.).

En 1967 la carrera se “camufla” entre otros deportes, baloncesto femenino y judo. Y al año siguiente, tras la breve crisis de tres años, vuelve a retomar su antiguo espíritu y en los programas se anuncia como “Gran carrera pedestre, en la que se disputarán valiosos premios”.

Artículo publicado en "Quio. Revista de Sariñena y Los Monegros", Núm. 209. Julio-Agosto 2023.

Las carreras pedestres de Sariñena, un patrimonio inmaterial legado por nuestros antepasados (I)

 

Dionisio Carreras, Tapias y corredores de Sariñena en la carrera pedestre de Alcolea, 1928.  F. Castellvi 

Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ


Costán Escuer nos ha aportado recientemente documentación inédita sobre las corridas pedestres de Perdiguera, procedente del Archivo Histórico Municipal, que revoluciona la antigüedad y nos informa sobre los antecedentes de las tradicionales “corridas de pollos”, pruebas típicas del deporte tradicional aragonés.

Los actos de las fiestas de Sariñena en siglos pasados debieron ser más profusos que los de Perdiguera, pero incluirían los típicos festejos populares que año tras año se han repetido en todos los pueblos, las corridas y los bailes. En Perdiguera, desde comienzos del siglo XVI organizaban la “corrida de la espada”, prueba que citaban las crónicas de mediados del siglo XIX en las fiestas de San Lorenzo de Huesca y a finales de siglo en los barrios Nuevo y Monserrat de la capital, en este como “denominación antigua” cuando se hablaba de las carreras de hombres.

La espada, junto con una pieza de tafetán y sombrero, también fue el premio que se entregó a los vencedores de la carrera pedestre y a caballo celebrada en Monzón en 1585 ante Felipe II, coincidiendo con las fiestas de San Mateo y la celebración de Cortes.

A finales del siglo XIV aparecen los pollos como premio de la corrida pedestre de Perdiguera. Probablemente, en esta época, se entregarían a los primeros clasificados, además de la espada que recibiría en vencedor. Antes de que Costán Escuer nos mostrase la documentación de los archivos de Perdiguera, los datos más antiguos de una “corrida de pollos” databan de 1609. La prueba se disputó en Bolea con motivo de los festejos que organizaban en las poblaciones por donde pasaron las reliquias de San Orencio, procedentes de Aux (Francia) hasta Huesca.

“Corridas de pollos” en Sariñena


El dato más antiguo, hasta la fecha, de las “corridas” organizadas en las fiestas de Sariñena es más reciente, de 1876, aunque suponemos que ya se debieron organizar de manera más o menos continua desde el siglo XVI hasta la actualidad. Aquel año, en 1876, una sociedad de jóvenes arrendaron el espacioso salón del teatro para dar bailes de sociedad los tres días de fiesta. El corresponsal del Diario de Huesca resumía los festejos de San Antolín (o San Antonino): “No han faltado tampoco las corridas y cucañas que tan bien entretienen a las gentes en los ratos de ocio, ni las rondallas y cantares que más de una vez hacen desesperar al que se halla entregado a los placeres de Morfeo”.

La crónica de 1877 no alude a la corrida, pero sí a “unos cuantos seres alados” y a un artículo publicado el año anterior en las páginas del Diario de Huesca, propio de una homilía de púlpito, moralizante, contrario al vicio, que aboga por la reforma de las costumbres imperantes. Daba por hecho que las carreras pedestres se celebraban en muchos pueblos; en relación con estas pruebas proponía lo siguiente: “Hoy se celebran carreras de personas en muchos pueblos, pero han decaído de su primitivo vigor por falta de estimulo; antiguamente el buen corredor, tarde o temprano, encontraba su premio entrando al servicio de un amo que de algún modo recompensaba su ligereza; hoy, con el establecimiento de las vías de comunicación, ha desaparecido aquel estímulo, y no queda mas que la pequeña satisfacción de oir unos cuantos plácemes después de un ejercicio peligroso que no tiene recompensa. Crear premios para los que se distingan en estos ejercicios es de interés y casi de necesidad, que siempre fue la carrera un recomendable ejercicio gimnástico que se tuvo en gran estima por los pueblos de la antigüedad”.

Curioso comentario que nos recuerda a un personaje de la comarca, famoso por sus retos y su habilidad como corredor, de finales del siglo XX. Nos referimos a Ramón Maza, de Robres. Vemos como la moralidad de esta época tendría poco que ver con la impuesta con el surgimiento del deporte moderno, considerado “amateur”, que tan negativamente afectaría a las tradicionales carreras pedestres.

Durante la década de los setenta del siglo XIX, según las crónicas de las fiestas de Sariñena que hemos podido consultar, se alude a las “corridas”, pero en 1880 se citan expresamente como “corridas de pollos”.

Desde esta fecha prácticamente no tenemos datos hasta comienzos del siglo XX, aunque sabemos que en 1899 se suprimieron las fiestas cívicas por la crítica situación a causa del pedrisco que arrasó buena parte de la cosecha.

En el Programa de Fiestas de 1945, Juanito escribía sobre la corrida de 1890: “Se hacía la corrida desde ‘la Isuela’ (camino de Lanaja) hasta el ‘Sifón’, consistiendo los premios en tres manojos de pollos, siendo el atado más numeroso para el que llegaba en primer lugar”.
 

Las corridas pedestres al estilo del país


A principios del siglo XX estas pruebas reciben otras denominaciones y con los pollos o sustituyendo a las aves de corral se entregan premios en metálico. Su anuncio, así como las crónicas, van acompañadas de significativos adjetivos que nos muestran su importancia y el interés que siempre despertaban entre el público: “indispensables corridas al estilo del país, en las que se adjudicarán premios de importancia a los mejores corredores” (1902). “Carreras típicas de Aragón”; “corridas animadísimas”; “corrida de hombres en el sitio de costumbre, recompensando a los vencedores con 15 pesetas al primero, 10 al segundo y 5 al tercero”; “consistió en dar veinte vueltas a la pista y fue emocionante por el empeño en obtener los tres premios en metálico. Triunfó en el primero un forastero cuyo nombre no recuerdo” (1903). “Corrida de pollos” (1906). “Corridas de pollos sufragadas por el Ayuntamiento” (1908). ”Gran corrida de pollos en pista con afamados corredores” (1910).

En 1911 las “carreras de resistencia” se celebraron el día 4, a las cinco de la tarde y, según la crónica del Heraldo de Aragón, con gran afluencia de público y “bajo la influencia de los rayos del puro sol abrasadores como nunca”. Durante esta década las carreras se denominaban “corridas de pollos”. Al final de la década se organizan durante dos día. El día 3 de septiembre tienen lugar las “corridas en pista, en las que pueden tomar parte cuantos deseen de la localidad y de fuera de ella, otorgándose tres premios importantes en metálico”. Al día siguiente, “a las cinco de la tarde, en la plaza de la Iglesia y el Mercado, corridas de pollos”. Estas, de carácter regocijante y satírico, incluyen las corridas de sacos y en monturas (carreras de burros con albarda suelta).

A partir de la segunda década del siglo XX surgen nuevas actividades deportivas que van haciéndose hueco en el programa de fiestas. En 1910, además del “tiro al blanco”, el joven de la localidad Manuel Torres Guillen introduce las carreras de bicicletas. En 1912, entre las denominadas “fiestas sportivas” se incluye la “gira campestre a Santiago, las carreras pedestres y de bicicletas” y se hablaba del “foot-ball”, deporte que no llegaría oficialmente hasta el domingo de Pascua de 1923. En 1917, y hasta comienzos de la siguiente década, se siguen celebrando el días sucesivos el “concurso de corridas en pista con tres premios en metálico” y las “corridas de pollos. Para los chicos organizan diversos festejos que atraen numeroso público a la plaza de la Iglesia: “Uno consiste en llenar una bañera de agua y echar una o dos pesetas para que con la boca sean cogidas. Otro, a poner una sartén bien tiznada y colgada de una cuerda y a la sartén pegada con sebo una moneda de plata. También hay que cogerla con la boca, y otra es vendar los dos ojos a los chicos y con grandes rebanadas de pan untar en una cazuela de chocolate y darse de comer”.
 
Bautista Peralta en la V Vuelta a Zaragoza. La Voz de Aragón, 1930

Carrera pedestre con premios en metálico 

Hasta los años veinte las carreras de San Antolín atraían a los mejores corredores de la comarca, pero a partir de esta década los premios en metálico aumentan y atraen a los corredores más famosos de Aragón; la carrera se desplaza al campo de deportes o estadio del Sariñena F.C. En 1924, antes de la “gran carrera pedestre de resistencia de 6.000 m. lisos sobre pista del campo de deportes, con importantes premios en metálico a los tres primeros clasificados”, tiene lugar un “concurso de tiro de barra”.

El año anterior, 1923, nace la Federación Aragonesa de Atletismo (este año, 2023, se cumple el Centenario) y en 1924 el aragonés Dionisio Carreras participó en la prueba de maratón de la Olimpiada de París, finalizando en novena posición. Al año siguiente, en 1925, Dionisio Carreras vencía en la carrera pedestre de Sariñena.

La prueba pedestre consistía en dar 50 vueltas alrededor de la pista del estadio del Sariñena C.F., hasta completar 12 kilómetros y medio. Tras Dionisio Carreras, corredor del Real Zaragoza, llegó segundo a meta Antonio Gracia, corredor natural de Salillas, del Español de Barcelona, y Flora, del Huesca F.C.

En esta década observamos la influencia del atletismo en el deporte tradicional. La Federación Aragonesa de Atletismo se nutre especialmente de los corredores curtidos en las carreras pedestres de los pueblos y a su vez trata de aleccionarlos con continuas sanciones para que no participen en estas carreras. Los premios que se entregan son en metálico, pero la Federación considera a los atletas deportistas “amateurs” y por tanto no pueden ganar dinero.

El Programa de Fiestas de 1927 anuncia que para el día 3 de septiembre, “a las 4 y media y en amplio y cómodo campo, tendrá lugar la gran carrera de resistencia o «cross-country», adjudicándose tres grandes premios a los vencedores. Para amenizar el desfile de este importante festejo, la banda dará un concierto en la plaza de Villanueva”.

Los premios que se conceden en 1928 son los siguientes: Primero, 150 pesetas; segundo 75 pesetas y 25 pesetas para el tercero. Tres grandes corredores, a nivel nacional, inscriben sus nombres en los puestos de honor. Vence Salvador Tapias, campeón catalán; segundo, el campeón aragonés Dionisio Carreras (campeón de España de Maratón) y tercero el gran corredor local Bautista Peralta (merecedor de un homenaje y reconocimiento en su villa natal).

En 1929 el Progama de Fiestas anuncia una “gran carrera pedestre” para el día 3, “a las cinco y media, en amplio y cómodo campo, y amenizado por la banda de música, con un recorrido aproximado de 10 a 12 kilómetros sobre pista, a vueltas, adjudicándose a los vencedores los siguientes premios: Primero, 125 pesetas; segundo, 75, y tercero, 50. Se concederán importantes cantidades en primas, cuyas condiciones serán señaladas en el momento de la carrera. Las inscripciones podrán hacerse en el Ayuntamiento de Sariñena o en el lugar de la carrera, hasta media hora antes de comenzar ésta. El desfile de este importante festejo será amenizado por la banda de música en la plaza de Vilianueva”.

En esta década surgen en la comarca y lugares limítrofes algunos de los mejores corredores nacionales: Antonio Gracia, de Salillas, que pertenecía al club Español de Barcelona; Eugenio Pérez y Valentín Rodellar, de Grañén; Ángel Mur, de Selgua; Ignacio Latorre, de Santalecina, o el corredor local Bautista Peralta, que vestiría la camiseta del Real Zaragoza. Tampoco podemos olvidar al popular “Sabatino”, que, aunque casi siempre llegaba el último, ofrecía divertidos espectáculos grotescos. Estos atletas y los nuevos que surgirían en los años treinta, como Julián Salillas, de Lanaja, dificultarían los triunfos del olímpico Dionisio Carreras, natural de Codo y perteneciente al Real Zaragoza, o al campeonísimo catalán Salvador Tapias. Desde Zaragoza también acuden a esta prueba otros famosos corredores como Victoriano Alejandro Pérez “El Cartujano”, de La Cartuja Baja, o Mariano Doñate.

Tapias vuelve a vencer en 1929, seguido del local Bautista Peralta, que consigue imponerse al olímpico Carreras, y en cuarta posición se clasifica el joven Valentín Rodellar, de Grañén, muy cerca del segundo y tercero.

Artículo publicado en "Quio. Revista de Sariñena y Los Monegros", Núm. 208. Mayo-Junio 2023.

24/9/18

Las carreras pedestres de Lanaja. Del siglo XIX hasta hasta las primeras décadas del XX (1ª parte)


Corrida pedestre de Lanaja, años 20 o 30 del siglo XX. Foto Archivo Lourdes Carnicer Ferrer
Por Celedonio García y José Antonio Adell

El encabezamiento de este artículo podía constituir un eslogan, “las carreras de Lanaja”, que englobaría las diversas modalidades pedestres que surgieron en torno a las típicas y antiguas “corridas de pollos” o “carreras pedestres”: carreras de niños, de mayores, de mujeres, de cabezudos o desafíos (contra caballos, tractores, bicicletas o contra mozos).

En el siglo XVI ya se disputaban “corridas de pollos” en Aragón. En el siglo XIX se organizaban durante las diferentes fiestas que se celebraban por toda nuestra Comunidad. En esta época todos los pueblos de Monegros las organizaban en las fiestas de cofradía, de barrio o en las patronales.

Las carreras pedestres del siglo XIX y comienzos del XX

En Lanaja, la típica “corrida de pollos” fue un acto popular y pintoresco, especialmente en las fiestas de San Mateo. El pueblo en masa siempre acudía a presenciarlas a los diferentes escenarios donde se ha disputado la carrera con el paso de los años. Allá por el siglo XIX la carrera, o más bien “corrida”, transcurría por la carretera, desde los olivares de Bastaras hasta el Saso, en la entrada del pueblo. Con el cambio de siglo, del XIX al XX, vemos que muchos lugares abandonan el camino o la carretera y la prueba pasa a disputarse en las eras, dando vueltas en círculo.

El cambio se produce por las quejas del público que solo veía a los corredores llegar a la meta, constituida por la horca de los pollos. En Lanaja serían las eras de Bastaras o la del “Dedudo” los nuevos escenarios. El público observa todo su desarrollo, la carrera gana en espectacularidad porque se introducen las “primas”, a modo de metas volantes” y el típico pollo, ave de corral que se entregaba a los vencedores, se cambia por los premios en metálico. En 1901 la prueba se denomina “carrera de hombres”.

Estos cambios atraerían más público y mejores corredores, tal como se aprecia en las diferentes crónicas de las carreras pedestres que se publican en la prensa. En 1908 la “gran corrida de resistencia” estuvo amenizada por las bandas de Villamayor y Villanueva de Gállego. La crónica publicada en el Diario de Huesca decía lo siguiente:

“La gran corrida de resistencia, a la que asistieron las dos bandas, un público de más de mil personas entre forasteros y de la villa, y en la que se disputaron los premios corredores de Lanaja y de Almuniente, saliendo vencedores dos jóvenes de esta localidad, Santiago Torres y Bartolomé Penella, respectivamente”.

En 1911 el viento deslució el acto, según la crónica del Heraldo de Aragón. Venció Emilio Gimeno de Lanaja: “La pintoresca ‘corrida de pollos’ estuvo algo desanimada por el viento que soplaba, algo más de lo que los jóvenes querían”. Este año no hubo corredores forasteros.

Otros populares corredores najinos de los primeros años del siglo XX, Antonio Sánchez "Pozán" y "Garraseca", dieron paso a nuevos atletas más afamados.

En la segunda década del siglo los corredores locales mantuvieron una gran rivalidad con los de Alcubierre, especialmente con “Cañete”, el más destacado, al que nunca conseguían vencer.

En 1917 hubo corrida pedestre y ciclista; el mismo escenario serviría para ambas carreras. Así lo señalaba la crónica del Heraldo de Aragón: “En la carretera de Alcubierre se celebró una gran corrida pedestre, que presenció el pueblo en masa, y otra gran carrera de ciclistas”.

Los años 20

Uno de estos años, en Lanaja, decidieron terminar con la supremacía del alcubierreño y llamaron a dos corredores zaragozanos del barrio de Montañana, los hermanos Dionisio y Vicente Magen, originarios de Used. Dionisio se había dado a conocer en el “cross country” del Festival deportivo celebrado en Zaragoza durante las fiestas del Pilar de 1919. Venció con superioridad y en 1920 y 1923 finalizó séptimo en el Campeonato de España de Cross; su éxito influyó para que este último año surgiera la Federación Aragonesa de Atletismo.

El día de la carrera de Lanaja, disputada en la era del "Dedudo", “Cañete” pidió 80 vueltas, uno de los Magén pidió 120 y el otro 100. Al final se quedó en 90 vueltas. Cañete se quedó tercero, cuando faltaban 200 metros cayó rendido.

Interesante, igualmente, es la crónica que el Diario de Huesca hacía de las fiestas de Lanaja de 1922, con un apartado especial dedicado a “Las carreras”, que se disputaron en dos días:

“El segundo día (de las fiestas), a las cinco de la tarde, tuvo lugar una corrida de pollos, a carrera directa, obteniendo el primer premio un joven de Lalueza. Al día siguiente se celebró una carrera pedestre, que puede decirse sin hipérbole, despertó verdadera expectación.

Había que recorrer ocho kilómetros seiscientos metros, que suponían noventa y cinco vueltas alrededor de una pista elegida de antemano; y para optar a los tres premios de 80, 40 y 20 pesetas, respectivamente, se presentaron seis corredores de pueblos comarcanos y algunos de Zaragoza, que venían precedidos de fama.

La carrera fue emocionante; obteniendo los premios primero y tercero, los hermanos Magén, de Montañana, y el segundo, Cisuelo, de Alcubierre”.

Anuncio publicado en prensa en 1923

Al año siguiente, en 1923, la carrera se anunciaba en la prensa, del mismo modo que en años sucesivos. Se disputaría el día 23 con interesantes premios: 100, 6º y 40 pesetas, respectivamente, para los tres primeros clasificados. Los corredores que desearan inscribirse debían dirigirse a Jesús Villagrasa.

El periódico El Día dedicó una amplia crónica a la carrera con un apartado muy curioso sobre las características de los corredores:

“Durante las fiestas, ha llamado poderosamente la atención del vecindario el festival atlético organizado por los señores Lorda, Villagrasa y Gazol.

Más de cuatro mil personas se congregaron con este motivo, abundando mucho el sexo bello y asistiendo las autoridades locales.

Como principal número del festival, estaba anunciada una carrera de 10 kilómetros en pista (80 vueltas).

En esta prueba se presentaron, por el R. C. D. Español, Doz y García, por la R. S. A. Stadium, Magén y Marín, y particularmente un muchacho de Perdiguera cuyo nombre ignoramos.

Puntualmente se da la salida, siendo el primero en hacerlo Marín, que lo efectúa a todo tren, pero este le dura poco, pasando rápidamente García y Doz, que durante casi toda la prueba han ido a la cabeza.

Dignas de mencionar han sido cuatro escapadas, dos por parte de Doz y García y las otras dos de Magén, pero al ver que no podían despegar, seguía el tren de antes.

En la vuelta 65 Magén, equivocado, creyendo le faltaban menos, se despegó y dio tres vueltas a un tren fantástico, hasta el punto de que el público lo daba por vencedor. Le faltaban 10 vueltas y en éstas le pasaron primero García y luego Doz”.

Vemos la llegada de corredores catalanes, García y Doz, primero y segundo, respectivamente, pertenecientes al RCD Español de Barcelona, y los zaragonanos Magén (seguramente Dionisio), que ese año se había proclamado campeón de Aragón de 5000 m. y José Marín, campeón de Aragón de 400 m y 1.500 m., ambos del RSA Stadíum. El de Perdiguera pudiera ser Antonio Pelet, joven corredor que desde comienzos de los años veinte solían vencer a los forasteros que se presentaban en las carreras de Perdiguera.

De los corredores, el cronista de El Día decía lo siguiente:

“García tiene estilo vasco y su forma es muy parecida a la de Peña, como éste, marcha con la cabeza metida entre los hombros.

Doz es el típico corredor catalán.

Magén gustó mucho y más todavía Marín.

El de Perdiguera, aunque principiante, levanta bien el pie”.

En los años veinte y treinta hubo otros corredores locales que destacaban en las carreras de los pueblos limítrofes, como Amalio Oliver, Hipólito Zamora o los hermanos Amelio y Elías Vived.

Ambiente de las carrera pedestre en la era de Bastaras durante la primera mitad del siglo XX. Foto: Archivo Lourdes Carnicer Ferrer

En 1925 el joven Salillas inscribía su nombre entre los campeones de la carrera de Lanaja. El Diario de Huesca publicaba el relato de lo acontecido:

“El día 23, a las cuatro y media de la tarde, bajo la presidencia del excelentísimo Ayuntamiento y amenizada por la Banda de Aguaron, se celebró una gran corrida pedestre, era la que tomaron parte los famados corredores Carreras, Macipe, Salillas, Sabino, Berdún, Callén, Biver, Gracia y Berbegal, habiendo correspondido el primer premio a Salillas, el segundo a Carreras, el tercero a Macipe, el cuarto a Berdún y el quinto a Sabino, cuya corrida se celebró con el mayor entusiasmo e interés.

A lo largo de la década de los años veinte se mezclaron en las carreras de Lanaja varias generaciones de destacadísimos corredores a nivel nacional.

Fueron populares las carreras ciclistas, pero más aún las pedestres. Los anuncios en prensa de la “Gran carrera pedestre” atrajeron a los mejores corredores a nivel nacional, catalanes y aragoneses, y, entre éstos, también monegrinos.

Otros corredores locales no tan afamados como Juián Salillas, entre los que podemos citar a Amalio Oliver, Hipólito Zamora o los hermanos Amelio y Elías Vived tenían la oportunidad de batirse con auténticas estrellas del pedestrismo nacional.

En 1927 venció el olímpico Dionisio Carreras, de Codo (noveno en la prueba de maratón de la olimpiada de París de 1924), seguido de Bautista Peralta, de Sariñena y de Eugenio Pérez, de Grañén, dos extraordinarios corredores de la tierra. Bautista se clasificaría segundo en la tercera edición de la prestigiosa “Vuelta a Zaragoza” de 1928, por detrás de Dionisio Carreras, ambos con la elástica del Real Zaragoza.

La Voz de Aragón comentada la “carrera pedestre” de Lanaja de 1927, celebrada el día 23 de septiembre a las cinco de la tarde: Ésta resultó interesante por tomar parte en ella corredores de cartel. En pista perfectamente arreglada corrieron 10 kms. 600 m., siendo el primero en llegar a la meta Dionisio Carreras, de Codo; segundo, Bautista Peralta, de Sariñena, y tercero, Eugenio Pérez, de Grañén. El desfile de este festejo resultó brillantísimo, con un contingente de forasteros de ambos sexos”.

En 1928 se repitió la clasificación del segundo y tercer clasificado, Bautista Peralta y Eugenio Pérez, pero el vencedor fu el afamado campeón catalán Salvador Tapias. La Voz de Aragón comentaba el acto celebrado en una era: “Festejo brillantísimo, por el desfile de autoridades, música e infinidad de mujeres, preciosas de verdad. La prueba fue en pista, en un recorrido de 10 kilómetros”. Los premios fueron de 150, 100 y 50 pesetas, respectivamente, para los tres primeros clasificados.

Fotos antiguas publicadas en: “Fotos antiguas de Lanaja y sus gentes” 
https://www.facebook.com/groups/132672140799762/
(Continuará)

Artículo publicado en el Programa de Fiestas "San Mateo 2018". Lanaja, del 20 al 24 de septiembre.
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11/4/17

Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Juventud


Cajal en pose atlética

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ


A principios del año 1864, sin haber cumplido todavía los doce años, Santiago Ramón y Cajal fue matriculado en el Instituto de Huesca. Nada más llegar, el sentimentalismo soñador, el carácter altivo y la intolerancia contra las humillaciones del "carne de cabra" (o "carnicraba", apodo burlesco que se da a los ayerbenses con el que le mortificaron nada más llegar al Instituto), le llevó a enfrentarse con los "gallitos" de los últimos cursos.

Uno de los que más maltrataron a Santiago fue un tal Azcón, natural de Alcalá de Gállego. Era un vigoroso joven de dieciocho o diecinueve años que había endurecido sus músculos con el arado y la azada. Los matones eran muchos y Santiago había entrado con mal pie al Instituto, así que la única manera de que fueran aliados suyos era triunfar con Azcón. La tarea no era nada fácil.

Efectos tónicos de la gimnasia

Ramón y Cajal conocía bien los efectos tónicos de la gimnasia y del trabajo forzado. En la autobiografía que nos sirve de guía para este artículo (1), nos dice que "había observado cuánta ventaja llevan siempre en las riñas, pedreas, saltos y carreras los muchachos recios y trigueños recién llegados de la aldea y acostumbrados al peso de la azada, a los señoritos altos y pálidos, de tórax angosto, zancas largas y delgadas, criados en las abrigadas calles de la ciudad y al suave calor del halda maternal".

"La gimnasia y el amor propio exasperado hicieron milagros", según pudo comprobar Cajal, después de seguir el método de entrenamiento que nos describe: "Resolví entregarme sistemáticamente a los ejercicios físicos, a cuyo fin me pasaba solitario horas y horas, en los sotos y arboledas del Isuela, ocupado en trepar a los árboles, saltar acequias, levantar a pulso pesados guijarros, ejecutando, en fin, cuantos actos creía conducentes a acelerar mi desarrollo muscular, elevándolo al vigor máximo compatible con mis pocos años".

El resultado de su "entrenamiento" (término moderno en la época por la coletilla que lo acompaña, "como ahora se dice") fue magnífico: "Desde el tercer curso, mis puños y mi habilidad en el manejo de la honda y del palo infundieron respeto a los matones de los últimos años, y hasta el atlético Azcón tuvo que capitular, acabando por hacerse amigo mío". Cajal le había advertido que en cuanto se insolentase con él le incrustaría en la cabeza una "peladilla" de arroyo.

Incidentes y desventuras

El riesgo fue una contingencia constante en muchas de sus aventuras; de las reflexiones sobre lo acontecido solía sacar abundantes enseñanzas útiles. Entre los episodios que le dejaron huella en Cajal, recuerda lo mal que lo pasó un día de enero, que se divertía patinando en una balsa helada, al caer por un agujero hundiéndose en el agua; sus camaradas creyéndole ahogado le abandonaron.

En otra ocasión se libró por piernas, después de una agotadora carrera perseguido por dos gañanes, por intentar coger una hermosa rosa que en Huesca llamaban deAlejandría. Sus compañeros de faena no fueron tan afortunados y la formidable y desproporcionada paliza que recibieron les hizo faltar varios días a clase.

También tuvo que correr por el deseo de tener, entre la colección de sus dibujos, un ejemplar de rosas de té que se cultivaban en los jardines de las estación; fue sorprendido por el guardafrenos, quien, con escopeta en mano, hizo correr a Cajal a campo traviesa y, cuando se creía salvado, al saltar una ancha acequia bordeada por bancos de cieno, cayó en el légamo hundiéndose hasta medio cuerpo. Tuvo la suerte de que unas mujeres acudieran en su ayuda y le lavaron la ropa. Antes de ser rescatado, narraba Cajal, "llegó el furioso guarda, quien al verme en aquel talante y no sabiendo por dónde asirme sin detrimento de su limpio uniforme, acabó por soltar el trapo y taparse las narices. En realidad, mi coraza de pestilente légamo hacíame invulnerable".

Cajal también fue un consumado jinete, según reconocía al relatar el pavor que sentía por el tren cuando subió por primera vez, hacia 1865 o 1866.

Pedreas

Terminados los estudios de Bachillerato, Santiago llega a Zaragoza donde su padre le matricula con la intención de convertirlo en un galeno. En Zaragoza sufrió su primer desengaño de la amistad con sus viejos amigos de Huesca, que, con dos años de adelanto en los estudios, le recibieron con indiferencia. El consuelo lo buscó en la naturaleza, "bañando el alma en plena naturaleza", "conforme suelo consolarme siempre", decía. De la misma manera que en Huesca acudía a las orillas del Isuela, en Zaragoza calmó sus emociones recorriendo las frondosas alamedas de las orillas del Ebro. Allí acudía también llevado por sus inclinaciones artísticas y por su naciente afición naturalista.

En su etapa universitaria todavía conservaría el típico rasgo que le había acompañado en la niñez y adolescencia, el de su incontenible tendencia a la travesura infantil (pedreas, burla de profesores, etc.). Realmente, cuenta que en esta época aprovechó bastante en sus estudios gracias a tan buenos maestros que tuvo.

Sólo regresó una vez a sus viejas "calaveradas" a petición de un camarada de Huesca llamado Herrera, mozo algo camorrista "(tuerto de resultas de una travesura), gran admirador de mi honda, rogóme encarecidamente que (...) le prestase mi concurso en cierto encuentro que debía efectuarse en las eras del barrio de la Magdalena, entre estudiantes y femateros, o entre pijaitos y matracos".

Santiago le escuchó y cayó en la tentación, aunque ya no volvería a reincidir. Contaba entonces con dieciséis años y como era de esperar, su honda fue decisiva: "descalabré a unos cuantos enemigos y contribuí al triunfo de losseñoritos, a pesar del refuerzo que a última hora recibieron los femateros de sus congéneres de la parroquia de San Pablo" (2).

La manía gimnástica

Una de las aficiones, o «manías», como él la llama, que marcan su fuerte voluntad de auto-afirmación sería la gimnástica, con su apasionado cultivo del vigor muscular. Su amor propio se vio afectado al ser derrotado en un pulso.

Cajal nos narra lo acontecido: "Criado en los pueblos y endurecido al sol y al aire libre, era yo a los dieciocho años un muchacho sólido, ágil y harto más fuerte que los señoritos de la ciudad. Jactábame de ser el más forzudo de la clase, en lo cual me engañaba completamente. Harto, sin duda, de mis bravatas, cierto condiscípulo de porte distinguido, poco hablador, de mediana estatura y rostro enjuto, invitóme a luchar al pulso, ejercicio muy a la moda entre los jóvenes de entonces. Y con gran sorpresa y dolor sufrí la humillación de la derrota. Quise averiguar cómo había adquirido mi rival aquella musculatura, y me confesó sinceramente que el secreto consistía en que desde hacía años cultivaba fervientemente la gimnástica y la esgrima. «Si en hacer gimnasia consiste el tener fuerza -contesté con arrogancia-, continúa preparándote, porque antes de seis meses habrás sido vencido.»".

Al día siguiente comenzó a trabajar dos horas diarias en un gimnasio, imponiéndose, además del programa oficial, un programa progresivo añadiendo cada día peso a las bolas, aumentando el número de contracciones en las barras o en las paralelas. También cultivó los saltos de profundidad y toda clase de volatinerías en las anillas y en el trapecio.

Con su enorme fuerza de voluntad, no sólo cumplió la promesa de vencer a su amigo, sino que antes de finalizar el año se convirtió en el campeón más fuerte del gimnasio. El aspecto de sus músculos había respondido al estímulo del sobretrabajo. Nos podemos hacer idea de su aspecto por la descripción del propio Cajal: "Al andar mostraba esa inteligencia y contoneo rítmico y característicos del Hércules de feria".

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) RAMÓN Y CAJAL, Santiago: Mi infancia y juventud. Espasa Calpe, Madrid, 1961 (séptima edición).

(2) Opus citat, p. 169. Esta aventura también la recordaba Cajal en un artículo de Dámaso Castejón, titulado "Los nombres de Aragón. Santiago Ramón y Cajal", publicado en el Heraldo de Aragón del 12 de octubre de 1919.

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 16 de junio de 1996